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En México, una comida puede ser mucho más que un momento para alimentarse. Puede ser la receta que aprendimos de nuestros padres, el platillo que siempre prepara la abuela, el pollo rostizado que se comparte los domingos o esa comida improvisada entre amigos que termina convirtiéndose en un buen recuerdo. Alrededor de la mesa, la comida forma parte de la manera en que los mexicanos celebramos, convivimos y mantenemos vivas nuestras tradiciones.

 

Las cifras reflejan esta cercanía y también muestran la importancia que tiene el pollo producido en México. De acuerdo con el Compendio de Indicadores Económicos de la Industria Avícola Mexicana 2026 de la Unión Nacional de Avicultores (UNA), en 2025 México produjo aproximadamente 4.07 millones de toneladas de pollo, equivalentes a cerca de 78 mil toneladas por semana. Para 2026, la producción nacional podría alcanzar 4.2 millones de toneladas, un crecimiento de 2.9% frente al año anterior.

 

Estos datos hablan de una proteína que, además de estar presente de manera constante en la alimentación de las familias mexicanas, es resultado del trabajo de una industria que produce dentro del país y que contribuye al desarrollo de distintas comunidades. Elegir pollo mexicano también significa respaldar una cadena productiva nacional en la que participan productores, trabajadores, empresas y familias.

 

Durante 2025, la industria avícola generó 1.43 millones de empleos en México, de los cuales 238 mil fueron directos y alrededor de 1.1 millones indirectos. Ese mismo año, la avicultura representó 63.3% de la producción pecuaria nacional, sin considerar la leche, mientras que el valor de la producción avícola superó los 282 mil millones de pesos.

 

En esta historia también está Bachoco, una empresa mexicana que durante décadas ha formado parte de la relación que millones de consumidores tienen con el pollo. Su presencia en los hogares ha acompañado tanto las recetas tradicionales como las nuevas maneras de disfrutar esta proteína, siguiendo la evolución de los gustos y de los estilos de vida de los mexicanos.

 

“El pollo está presente en muchísimas historias de los mexicanos: en la comida de domingo, en una receta que aprendimos de nuestros abuelos, en una reunión con amigos o simplemente en esa comida que nos hace sentir en casa. Para nosotros, hablar de pollo mexicano es hablar de orgullo, de sabor y de todas esas pequeñas historias que hacen grande a México. También es reconocer el trabajo de todas las personas que hacen posible que esta proteína llegue a las mesas de las familias mexicanas”, señala El Tío Bachoco.

 

Esta relación entre el pollo y la vida cotidiana también habla de cómo han cambiado las formas de comer en México. Las recetas tradicionales conviven hoy con preparaciones más prácticas, nuevas combinaciones de sabores y alternativas que buscan adaptarse al ritmo de vida actual. Sin embargo, hay algo que permanece: la comida sigue siendo uno de los principales puntos de encuentro.

 

En este contexto, consumir pollo mexicano representa también una manera de reconocer y fortalecer el trabajo que se realiza dentro del país. Detrás de cada platillo existe una cadena que comienza con la producción y continúa con las personas que participan en cada etapa hasta que el alimento llega a las familias. De esta forma, llevar pollo mexicano a la mesa no solo responde a una elección cotidiana, sino que también contribuye a mantener activa una industria fundamental para la producción de alimentos en México.

 

Para Bachoco, continuar formando parte de estas historias significa acompañar a las familias mexicanas en esos momentos que, aunque parezcan cotidianos, terminan siendo los que más recordamos. También significa reconocer el valor de producir y consumir alimentos hechos en México, y la importancia de seguir fortaleciendo las cadenas productivas que hacen posible que el pollo llegue a las mesas de millones de familias.

 

Porque en México podemos cambiar la receta, la forma de prepararla o incluso el lugar donde la disfrutamos, pero hay algo que permanece: siempre hay una buena historia que comienza alrededor de la mesa, y muchas de ellas tienen al pollo mexicano como parte de la receta.

 

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