Siempre Alice

Siempre Alice
(Still Alice)

Director: Richard Glatzer y Wash Westmoreland
Elenco: Julianne Moore, Kristen Stewart, Alec Baldwin, Kate Bosworth, Hunter Parrish
Género: Drama
Duración: 99 min.
Clasificación: B
Año: 2014 
País: E.U.A.
Distribuidora: Diamond Films
Estreno: 20 de febrero

Sinopsis: 
Alice Howland, una mujer felizmente casada y con tres hijos grandes, es una reconocida profesora de lingüística que comienza a olvidar palabras. El devastador diagnóstico de Alzheimer de inicio precoz pone a prueba su relación con su familia. Su lucha para mantenerse conectada a la persona que alguna vez fue es desgarradora, conmovedora y estimulante.

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DECLARACIONES DEL DIRECTOR
En diciembre de 2011, Richard y yo recibimos una llamada de la dupla productora británico australiana Lex Lutzus y James Brown pidiéndonos que echáramos un vistazo a la novela con el fin de adaptarla. Era una de esas oportunidades que todo cineasta espera, pero cuando supimos el tema del libro vacilamos. El resumen que nos presentaron – una mujer brillante, en la plenitud de su vida, le diagnostican Alzheimer de inicio precoz – sugería una película sobre enfermedad, tristeza y pérdida. Se sentía muy cercana.

A principios de año, Richard había ido a ver a un neurólogo en Los Ángeles debido a que arrastraba levemente las palabras. El médico le examinó la boca, su lengua ondulada, y le dijo “Parece que es ELA”. Durante los meses subsiguientes, pasamos mucho tiempo lidiando con las repercusiones de esta enfermedad, tanto clínica como emocionalmente. En los tres primeros capítulos del libro había algunas similitudes con nuestra propia experiencia: El primer neurólogo al que Alice va a ver le hace las mismas preguntas que le hicieron a Richard durante los primeros exámenes cuando sospechaban que había sufrido un derrame cerebral; y el temor que se acrecentaba a medida que llegaba el momento del diagnóstico, la sensación de ser derribado cuando estaba  viviendo la vida con plenitud, todo era demasiado familiar. ¿Queríamos en realidad hacer esta película en este momento…?

Alzheimer y ELA son por supuesto enfermedades muy diferentes. Más adelante, cuando nos juntamos con Elizabeth Gelfand Stearns, la productora asociada de Maria Shriver, dijo claramente: “Son exactamente lo opuesto – Alzheimer afecta el conocimiento, dejando al principio el cuerpo intacto, mientras que con ELA el intelecto se mantiene intacto y el cuerpo…” ahí se calló para no incomodar a nadie. Sin embargo, las enfermedades tienen similitudes: ambas son terminales, incurables y tienen el efecto de aislar al paciente del mundo entero. Y De un modo más crucial, ambas enfermedades consumen el sentido de la identidad y hacen que aferrarse a sí mismo sea vitalmente importante.

Luego, nos vimos envueltos por el libro. La historia es cautivante, hecha emocionalmente accesible por la escritura sincera y honesta de Lisa Genova. A medida que avanzábamos en la lectura, pensamos que la película debería tener el mismo tono fresco y directo. La novela tiene una mirada detallada del impacto cotidiano que provoca la pérdida de la memoria de la vida profesional de Alice, sus rutinas diarias, su vida social… y después está la dinámica de la familia…

“¿Viste Tokyo Story?” Richard buscó en su iPad la primera entrevista con Kristen Stewart.  “No, no la vi”, dijo ella, “pero la voy a ver”. La obra maestra de Ozu de 1953 había sido mi favorita por mucho tiempo, y también la de Richard. La vi por primera vez cuando estaba estudiando en la Universidad Fukuoka de Japón, y Richard había incluido una referencia crucial a la misma en su primera película Grief, de 1993. La película opone resistencia al sentimentalismo y gana un tremendo poder emocional a través de esa limitación. Tiene una mirada universal del comportamiento de las familias frente a una enfermedad o frente a la vejez, con el patrón al estilo Lear para la familia de tres hijos personificada tan maravillosamente en la novela de Lisa.

Nos enamoramos del personaje principal. Había algo innegablemente inspirador en Alice – en su tenacidad, su obstinación, el modo en que jamás dejaría de luchar. Sin importar cuál fuera la enfermedad, estaba decidida a lidiar con ella de la manera más práctica posible. No sé exactamente en qué capítulo es, pero la instruida Alice que imaginamos empieza a perder su cabello oscuro y enrulado que se va convirtiendo en un rojo intenso. “¿Quién piensas que podría hacer esto?”, le pregunté a Richard. “Julianne Moore”, escribió.

Cuanto más lo pensábamos, más perfecta era la elección. Julianne podría proyectar no sólo la inteligencia brillante y la complejidad de la profesora de lingüística, sino también la vulnerabilidad y simplicidad de las etapas posteriores. Sería capaz de dominar cada golpe del deterioro del personaje. Simplemente es una de las actrices más refinadas del planeta. Nos habíamos conocido hace unos años gracias a otro proyecto, que fue muy difícil conseguirla, y esperamos ansiosamente mientras ella lo consideraba y finalmente pasó. Esta vez fue diferente. Le mandamos un mensaje sobre el proyecto, y ella leyó el libro incluso antes de haber recibido el guión. Un día más tarde, estábamos en Skype. En sólo unos segundos dijo, “Estoy dentro”.

Mientras leíamos los últimos capítulos del libro, empezamos a considerar la mirada de la película. Nuestro concepto principal era la subjetividad de la experiencia de Alice – que el público debería comprender su punto de vista, pero sin conocer lo que pasa en su interior, algo que no sucede con los demás personajes. Para ello, precisaríamos una cámara personal y edición con estilo – a raíz de su estado mental, su humor y percepción – respirar con ella. Fuimos sumamente afortunados de trabajar con dos franceses – el cineasta reconocido internacionalmente Denis Lenoir; y Nicolas Chaudeurge, el editor de una de nuestras películas favoritas recientes, Fish Tank. Ambos compartían nuestra visión acerca de la mirada de la película y del sentimiento que la misma debía tener, y así logramos contener la actuación de Julianne en todo momento. Del mismo modo, el diseño de producción, el vestuario, peinado y maquillaje – todo debía estar en concordancia con la etapa justa en la que se encontraba Alice en su lucha contra la enfermedad.

Bajo los auspicios de Killer Films, las imparables Pamela Koffler y Christine Vachon, y con la ayuda financiera de Marie Savare de Laitre, de  BSM, la producción puso manos a la obra – la preproducción coincidió con el peor invierno de Nueva York. Viajé a la costa este para supervisar esta etapa, mientras Richard permaneció en la soleada Los Ángeles. Cuando partí, él acababa de renunciar a manejar, pero llegó una semana antes de que comenzara la preproducción, con sus manos y brazos que apenas se movían. Ya no podía alimentarse ni vestirse sólo y apenas podía tipear con un solo dedo. A pesar de las dificultades físicas increíbles y sin inmutarse por su situación, todos los días venía al set, a dirigir, lo que generó que toda la producción sintiera un propósito más profundo. En esencia, de eso se trataba la película. Justo allí. Todos percibieron que había algo especial y soportaron largas horas de trabajo intenso con elegancia.

El final de la novela es tan intenso como inesperado y a Richard lo tomó por sorpresa. Estaba anonadado – emocionalmente destruido. Yo venía unos capítulos atrasado, pero con sólo mirarlo vi lo que había en sus ojos. “Imagino que vamos a hacer la película”, le dije.

Wash Westmoreland 
Los Ángeles 1/09/14

Fuente: Diamond Films

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